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III- SEMANA DE LA SALUD

Del 5 al 9 de Mayo, 1997.


TÚ TAMBIÉN SERÁS MAYOR

MUCHAS PRIMAVERAS

Mírate: todo ha cambiado a tu alrededor, y también tú. Sí, el tiempo vuela casi a la velocidad de la luz y, aunque veloz, no pasa inadvertido, sino que nos marca en cada instante de nuestras vidas. Nos hace cambiar a cada segundo: nuestro cuerpo e incluso nuestra manera de pensar son distintas en cada intervalo de nuestra existencia. Pero no es el momento de hablar de nosotros, sino de ti…

Naciste y creciste al igual que una semilla enterrada bajo la tierra húmeda. Te tocó pasar los días más alegres y también los más tristes, y, a pesar de todo, seguiste creciendo y madurando hasta convertirte en lo que ahora eres.

Tu cuerpo ya no es como antes. Ahora tu piel está llena de surcos provocados por los altibajos de una vida larga, al tiempo que corta, y dulce, al tiempo que amarga. Y tus ojos ahora se van escondiendo para no ver las desgracias del mundo, pues están cansados de ver tanta tristeza y ansían observar la alegría que de vez en cuando aún les muestra este planeta. Y tus cabellos han ido perdiendo el color por el camino; quizás algún día pactaron con el aire que respiramos intercambiarse mutuamente el color. Así ahora tus cabellos son grises, pero el aire, aunque tan natural como tú, te ha traicionado y ha continuado con su gris y artificial tonalidad para no defraudar a su amada y destructora aliada, la NADA. Y tu espalda se ha ido encorvando para poder albergar unos problemas, que en su mayoría, ni siquiera te atañen; problemas que decides hacer tuyos para no ver sufrir a las personas a las que ofreces tu cariño.

Y el dolor, en ocasiones, toca a tu puerta para hacerte compañía durante un breve intervalo de tiempo. Aunque a veces decide serte fiel y estar a tu lado el resto de tus días.

Pero no todo es malo en este estado de tu vida. Al contrario. Eres como el viejo árbol que aloja en sus ramas a miles de criaturas para darles cobijo. Ese que en invierno se desnuda para cubrirse de bellas flores en primavera. Ese que da sombra en verano para aliviar el calor del ser.

Oh, tu, que has vivido muchas primaveras, tantas y tan bellas, que has sentido los cálidos rayos del sol y las húmedas gotas de rocío al amanecer, que has olido el dulce y tierno aroma de las flores durante la tarde, aroma que ha plagado tu cuerpo y te ha hecho rebosar de felicidad, y que has contado estrellas bajo la tenue luz de la luna en las noches más hermosas de tu vida.

Y todavía te quedan muchas primaveras por vivir. Pero algún día llegará tu hora, y deberás partir aunque no lo quieras. Mas no te pongas triste, pues no será más grande tu agonía que la de la tierra al sufrir tu pérdida. Ese suelo que durante toda tu vida pisaste ahora llorará por ti sin tener rencor alguno, y entonces podrás liberarte de ese envoltorio que te impide moverte a tu antojo. Y cuando tu alma quede en libertad, ni siquiera mirará atrás para observar la cárcel que la mantuvo presa durante tantos años. Tan sólo volará más y más alto hasta llegar a algún lugar que, por suerte o desgracia, todos desconocemos. Y en su trayecto vivirá su última primavera y con ella se acabará su vida en la Tierra y comenzará una nueva vida en algún lejano lugar.

Y todo esto te ocurrirá porque no eres como una máquina que se puede apagar pulsando un botón. No, tu eres más que eso. Eres una compleja mezcla de vida y amor. Si, eso es: eres MOTOR DE VIDA y MÁQUINA DE AMOR: motor generador de vida y máquina de fabricar amor. Sin combustible, sin contaminación; solo con ilusión.

Raúl

14/04/1997

20´15 h.


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